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Noveno Día Renunciar al espíritu del mundo PDF Imprimir Correo electrónico
Escrito por Apostolado para la Consagración de la Familia   

Cuando la interdependencia es reconocida así, su correspondiente respuesta, como actitud moral y social, y como « virtud », es la solidaridad. Esta no es, pues, un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos.

Ven Espíritu Santo, ilumina por favor nuestras mentes y nuestro corazón con todo aquello que deseas para nosotros durante estos días de renovación y ayúdanos a desprendernos de todo pecado, del "espíritu del mundo" y de todo lo que nos pueda llevar al pecado, para poder así vivir verdaderamente esta consagración total a Jesús, a través de María, en unión con San José.

Sollicitudo rei sociales (Preocupación Social) de Juan Pablo II

38. Para los cristianos, así como para quienes la palabra « pecado » tiene un significado teológico preciso, este cambio de actitud o de mentalidad, o de modo de ser, se llama, en el lenguaje bíblico: « conversión » (cf. Mc 1, 15; Lc 13, 35; Is 30, 15). Esta conversión indica especialmente relación a Dios, al pecado cometido, a sus consecuencias, y, por tanto, al prójimo, individuo o comunidad. Es Dios, en « cuyas manos están los corazones de los poderosos », y los de todos, quien puede, según su promesa, transformar por obra de su Espíritu los « corazones de piedra », en « corazones de carne » (cf. Ez 36, 26).

En el camino hacia esta deseada conversión hacia la superación de los obstáculos morales para el desarrollo, se puede señalar ya, como un valor positivo y moral, la conciencia creciente de la interdependencia entre los hombres y entre las Naciones. El hecho de que los hombres y mujeres, en muchas partes del mundo, sientan como propias las injusticias y las violaciones de los derechos humanos cometidas en países lejanos, que posiblemente nunca visitarán, es un signo más de que esta realidad es transformada en conciencia, que adquiere así una connotación moral.

Ante todo se trata de la interdependencia, percibida como sistema determinante de relaciones en el mundo actual, en sus aspectos económico, cultural, político y religioso, y asumida como categoría moral. Cuando la interdependencia es reconocida así, su correspondiente respuesta, como actitud moral y social, y como « virtud », es la solidaridad. Esta no es, pues, un sentimiento superficial por los males de tantas personas, cercanas o lejanas. Al contrario, es la determinación firme y perseverante de empeñarse por el bien común; es decir, por el bien de todos y cada uno, para que todos seamos verdaderamente responsables de todos. Esta determinación se funda en la firme convicción de que lo que frena el pleno desarrollo es aquel afán de ganancia y aquella sed de poder de que ya se ha hablado. Tales « actitudes y estructuras de pecado » solamente se vencen —con la ayuda de la gracia divina— mediante una actitud diametralmente opuesta: la entrega por el bien del prójimo, que está dispuesto a « perderse », en sentido evangélico, por el otro en lugar de explotarlo, y a « servirlo » en lugar de oprimirlo para el propio provecho (cf. Mt 10, 40-42; 20, 25; Mc 10, 42-45; Lc 22, 25-27).

39. El ejercicio de la solidaridad dentro de cada sociedad es válido sólo cuando sus miembros se reconocen unos a otros como personas. Los que cuentan más, al disponer de una porción mayor de bienes y servicios comunes, han de sentirse responsables de los más débiles, dispuestos a compartir con ellos lo que poseen. Estos, por su parte, en la misma línea de solidaridad, no deben adoptar una actitud meramente pasiva o destructiva del tejido social y, aunque reivindicando sus legítimos derechos, han de realizar lo que les corresponde, para el bien de todos. Por su parte, los grupos intermedios no han de insistir egoísticamente en sus intereses particulares, sino que deben respetar los intereses de los demás.

49… para que los fieles católicos miren cada vez más a María, que nos precede en la peregrinación de la fe, y con maternal solicitud intercede por nosotros ante su Hijo, nuestro Redentor, deseo confiar a ella y a su intercesión la difícil coyuntura del mundo actual, los esfuerzos que se hacen y se harán, a menudo con considerables sufrimientos, para contribuir al verdadero desarrollo de los pueblos, propuesto y anunciado por mi predecesor Pablo VI.

Como siempre ha hecho la piedad cristiana, presentamos a la Santísima Virgen las difíciles situaciones individuales, a fin de que, exponiéndolas su Hijo, obtenga de él que las alivie y transforme. Pero le presentamos también las situaciones sociales y la misma crisis internacional, en sus aspectos preocupantes de miseria, desempleo, carencia de alimentos, carrera armamentista, desprecio de los derechos humanos, situaciones o peligros de conflicto parcial o total. Todo esto lo queremos poner filialmente ante sus « ojos misericordiosos », repitiendo una vez más con fe y esperanza la antigua antífona mariana: « Bajo tu protección nos acogemos, Santa Madre de Dios. No deseches las súplicas que te dirigimos en nuestras necesidades; antes bien líbranos siempre de peligro, oh Virgen gloriosa y bendita ».

María Santísima, nuestra Madre y Reina, es la que, dirigiéndose a su Hijo, dice: «  No tienen vino » (Jn 2, 3) y es también la que alaba a Dios Padre, porque « derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes. A los hambrientos colmó de bienes y despidió a los ricos sin nada » (Lc 1, 52 s.). Su solicitud maternal se interesa por los aspectos personales y sociales de la vida de los hombres en la tierra.

Verdadera Devoción a María de San Luis de Montfort, (Tercera Parte) Capítulo IV

¡Que prodigio eres, oh María! ¡Sólo tú sabes realizar prodigios de gracia en quienes desean realmente perderse en ti!

Quien se consagra a María por esta práctica, como quiera que no estima en nada cuanto piensa o hace por sí mismo, ni se apoya ni complace sino en las disposiciones de María para acercarse a Jesucristo y dialogar con Él, ejercita la humildad mucho más que quienes obran por sí solos. Éstos, aún inconscientemente, se apoyan y complacen en sus propias disposiciones. De donde se sigue que el  que se consagra en totalidad a María glorifica de modo más perfecto a Dios, quien nunca es tan altamente glorificado como cuando lo es por los sencillos y humildes de corazón.

La Santísima Virgen  -a causa del gran amor que nos tiene- acepta recibir en sus manos virginales el obsequio de nuestras acciones, comunica a éstas una hermosura y esplendor admirables, y las ofrece por sí misma a Jesucristo.  Es, por lo demás, evidente que Nuestro Señor es más glorificado con esto que si las ofreciéramos directamente con nuestras manos pecadoras. Por último, siempre que piensas en María, Ella piensa por ti en Dios. Siempre que alabas y honras a María, Ella alaba y honra a Dios. Y yo me atrevo a llamarla “la relación de Dios”, pues sólo existe con relación a Él; o “el eco de Dios”, ya que no dice ni repite sino “Dios”. Si tu dices “María”, Ella dice “Dios”.  Cuando Santa Isabel alabó a María y la llamó bienaventurada por haber creído, Ella -el eco fiel de Dios –exclamo: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”. Lo que en esta ocasión hizo María, lo sigue realizando todos los días; cuando la alabamos, amamos, honramos o nos consagramos a Ella, alabamos, amamos, honramos y nos consagramos a Dios por María y en María. 

Entonces el rey dirá a los de un lado: «Vengan, benditos de mi Padre, tomen posesión del reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Porque tuve hambre, y me dieron de comer; tuve sed, y me dieron de beber, era un extraño, y me hospedaron; estaba desnudo, y me vistieron; enfermo, y me visitaron; en la cárcel, y fueron a verme». Entonces le responderán los justos: «Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te alimentamos; sediento y te dimos de beber? ¿Cuándo fuiste un extraño y te hospedamos, o estuviste desnudo y te vestimos? ¿Cuándo te vimos enfermo o en la cárcel y fuimos a verte?». Y el rey les responderá: «Les aseguro que cuando lo hicieron con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicieron». — Mateo 25, 34-40

Revisa ahora parte del Examen de Conciencia a la luz de los Diez Mandamientos (#53h1) y reza la Oración para Cegar a Satanás (#48b). Reza dos décadas del rosario en algún momento del día, preferentemente con tu familia. Si ya rezas el rosario en familia cada día no hace falta que reces estas dos décadas.

Oración para Cegar a Satanás 48b

O María, inunda toda la raza humana con la gracia de la Llama de Amor de tu Corazón Inmaculado, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
 

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Viviendo tu consagración
 

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...animo [... ] sus esfuerzos por promover una catequesis efectiva en los hogares - S.S. Juan Pablo II
Rezando por el éxito de su vital apostolado. - CardenalJoseph Ratzinger (S.S. Benedicto XVI)
Rezo para que todos los padres se unan al Apostolado para la Consagración de la Familia. - Madre Teresa de Calcuta
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